-Una semana después de la boda, regresamos a la residencia oficial de Semir Olvera, una villa al estilo mediterráneo. Diseñada por un arquitecto irlandés. Básicamente, una maravilla arquitectónica. La mansión contaba con cinco plantas, ciento cincuenta y tres habitaciones, noventa y cinco baños, trece chimeneas. El vestíbulo y algunas habitaciones, tallados con azulejos españoles. La mesa del comedor ejecutivo, cincelado de mármol, y la cubertería de oro.Las luces de la residencia se veían impregnada en la flores del jardín, mientras la lluvia caía con pesadez sobre Moon city. Al ingresar al vestíbulo, nos recibió, el mayordomo: Eugenio Moyano.Un impecable caballero, que controla Salamanca con mano de acero y con guante de terciopelo. -Señores, buenas noches -saludó, haciendo, una breve reverencia. El señor Moyano, un ucraniano, con su español, mejor que cualquier nativo. -¡Bienvenida a casa, hija mía! Una voz recorrió todo el salón. Este no era otro que el Señor Thomas Olvera.
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