Esa noche lleguĂ© a Salamanca alrededor de las seis de la tarde. Mi marido, como siempre, brillaba por su ausencia. No habĂa nada que justificar en su comportamiento; despuĂ©s de lo ocurrido esa mañana, lo lĂłgico habrĂa sido regresar juntos a casa para terminar lo que dejamos inconcluso.
Trrriiiin…
El sonido del timbre atravesĂł el silencio. MirĂ© el reloj. No esperaba a nadie. Alicia ni siquiera tenĂa mi direcciĂłn; en el orfanato desconocĂan lo de mi matrimonio y, en el Ăşltimo de los casos, mi mar