El viento soplaba con fuerza huracanada. En el cielo, la luna se veía a través del cristal: lejana, distante y obstinada… aferrada a la oscuridad.
Moon City siempre ha sido caprichosa, dada a desplomar la temperatura sin previo aviso.
Me obligué a levantarme… y entonces caí en cuenta: había dormido con Semir en el sofá.
Él dormía como un gato perezoso. Se veía tan sereno… tan perfecto. Como esculpido con paciencia. Le coloqué una almohada bajo la cabeza, con cuidado de no despertarlo.
Tomé un b