La Ducati Monster rugía como una fiera liberada, devorando las calles de Las Vegas. Ivanka se aferraba a la cintura de Gabrielle, el viento helado de la noche desierto azotándole el rostro ensangrentado, secando las lágrimas que no recordaba haber derramado. La adrenalina se estaba disipando, dejando a su paso un agotamiento huesudo y el zumbido sordo del dolor en su sien. Sentía la sangre reseca pegando el cuero negro a su piel, una segunda capa de vergüenza y violencia. Detrás de ellos, solo