Capítulo 72: Cuotas de dolor.
El amanecer teñía el cielo de Moscú con franjas pálidas de rosa y ceniza cuando los boyeviki arrastraron a Marcus Hale por segunda vez hacia la sala.
Sus botas militares, ahora sin lustre, dejaban surcos en la alfombra persa. Al ver a Ivanka de pie junto al ventanal, recortada contra la luz incipiente, un déjà vu siniestro le heló la sangre. Pero algo era distinto: la mujer que horas antes había temblado de rabia ahora emanaba una frialdad mineral. Brazos cruzados, mirada perdida en el horizont