El aire del gimnasio subterráneo de la DIGE olía a sudor agrio, goma quemada y la furia concentrada de Gianni.
El thump-thump-thump rítmico y violento de sus impactos contra el pesado muñeco de entrenamiento de cuero relleno era el único sonido, aparte de su respiración entrecortada y los latidos furiosos de su propio corazón.
Estaba sin camisa, los músculos de su torso, espalda y brazos tensos y brillantes de sudor bajo las luces fluorescentes, dibujando el mapa de cicatrices que era su histori