El beso aún ardía en sus labios, una marca de fuego en medio del gélido paisaje, cuando Ivanka se separó con un brillo travieso en sus ojos azules. Antes de que Gianni pudiera reaccionar a la súbita ausencia de su calor, ella se escabulló hacia su Mercedes negro, abrió el maletero con un movimiento ágil y sacó un par de patines de hielo profesionales, sus cuchillas relucientes bajo la luz difusa.
— ¿Qué demonios...? — comenzó Gianni, arqueando una ceja intrigada.
Pero Ivanka solo le lanzó una so