El rugido del Aston Martin era un aullido desgarrado contra el silencio fúnebre del paisaje invernal. Gianni apretaba el volante hasta que los nudillos palidecían bajo la piel, sintiendo la vibración del motor como un latido rabioso que resonaba en sus propias entrañas.
La nieve borrosa a los lados de la carretera era un manto indistinto, un espejo de la niebla que nublaba su mente. Pisaba el acelerador a fondo, desafiando curvas, hielo, la lógica misma. La velocidad era una promesa de olvido,