(Narrado por Valeria)
Sebastián irrumpió en el apartamento como un huracán. La puerta se cerró de golpe a sus espaldas. Yo estaba en el sofá, con el portátil sobre las piernas y una taza de té frío al lado. Ni siquiera levanté la vista.
—¿Sabes lo que acabo de tener que hacer? —dijo su voz, cortante como un cristal roto.
—Supongo que algo aburrido y legal —respondí, haciendo clic en un archivo—. ¿Firmar documentos en triplicado? ¿Amenazar a un pobre diablo con una demanda?
—Acabo de sobornar a