El silencio de mi habitación era peor que cualquier ruido. Después de lo del café, después de ver esa cicatriz y de escuchar que mi vida había estado colgando de un hilo tiempo antes de siquiera saberlo, me sentía como un cristal a punto de quebrarse. Gael se había retirado a su estudio, supongo que a lidiar con las consecuencias de la guerra que había declarado.
Me senté en la cama, abrazando mis rodillas. La pregunta daba vueltas en mi cabeza: ¿Por qué a mí?
No era una pregunta de víctima. Er