La cicatriz de Gael, ese pequeño y pálido recordatorio en su piel, ahora vivía bajo mis costillas. La sentía cada vez que respiraba, un peso frío y revelador. Toda mi historia con Damian, el amor que crecí a regañadientes, la deuda que me ató a él… todo se había construido sobre el heroísmo de un fantasma. Un fantasma que tenía el rostro de Gael.
Nos habíamos movido a la cocina, como por la necesitad de estar en un espacio diferente. Él preparaba café en la máquina. Yo estaba sentada en un tabu