El auto no se detuvo en ningún hotel. No tomó el camino hacia la casa segura en las afueras. Cruzó la ciudad bajo la lluvia que comenzaba a caer, hacia el barrio antiguo de árboles grandes y casas señoriales. Reconocí el camino.
La casa de Gael.
Subimos los escalones del porche bajo la fina llovizna. Él abrió con su llave, un clic suave en la noche húmeda, y me hizo pasar con un gesto.
Crucé el umbral y, como la primera vez, el mundo exterior se desvaneció.
Afuera era caos, frío, el peso de la