50: El Piso que se Hunde

Volver a mi departamento después de los días en Buenos Aires, fue como bajar de un tren en movimiento a toda velocidad y tratar de caminar sobre arena.

En mi apartamento todo olía igual como recordaba: a humedad, a café viejo, a polvo. Pero yo ya no olía igual. Yo olía a hotel caro, a sangre seca, a la colonia amaderada de Gael. Mi cuerpo recordaba sábanas de algodón egipcio y ahora rozaba el sofá desgastado cuyos resortes me clavaban en la cadera.

No había terminado de cerrar la puerta cuando
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