La ciudad olía a lluvia antes de que cayera. Un olor a tierra mojada y asfalto caliente que se colaba por la ventana de mi departamento mientras miraba el cielo oscurecerse. Tenía el teléfono en la mano, el mensaje ya escrito, sin enviar.
«¿Estás en tu casa? Necesito verte.»
Mentira. Lo que necesitaba era refugiarme. De Damian. De mi propia cabeza. Pero sobre todo, necesitaba seguir el plan. Acelerarlo, como Damian había pedido. Como mi miedo exigía.
Apreté enviar.
La respuesta llegó en men