Las luces del coche de Gael aparecieron como un faro en la oscuridad.
Valeria acababa de estacionar en una calle secundaria, lejos de la zona industrial, lejos de los cuerpos, lejos de Víctor. Aún temblaba. Yo también. Mis manos no dejaban de acariciar mi vientre, comprobando una y otra vez que el bebé seguía moviéndose, que seguía vivo.
El coche de Gael frenó en seco detrás de nosotras. La puerta se abrió antes de que el motor se apagara del todo.
Y lo vi correr hacia nosotras.
Nunca había vis