Los días después del almacén fueron una mezcla rara de tensión y silencio.
Gael no volvió a mencionar lo que había pasado. No habló del juez, no habló de Víctor, no habló de nada. Pero yo lo veía. En la forma en que revisaba su teléfono cada cinco minutos. En la manera en que sus ojos se perdían en el vacío cuando creía que yo no miraba.
Algo le molestaba por dentro.
Y a mí me molestaba otra cosa: esa cara. Ese hombre. Esa sensación de que mi memoria me estaba gritando algo que yo me negaba a e