El mundo se movía en cámara lenta. O quizás era mi cabeza, negándose a procesar lo que mis ojos veían.
Gael cayendo.
El sonido del disparo aún vibraba en el aire cuando mis piernas reaccionaron por fin, lanzándome hacia adelante sin pensar, sin respirar, sin nada más que un nombre en la garganta.
—¡Gael!
Llegué a él justo cuando su cuerpo golpeaba el suelo. Mis manos buscaron la sangre, el impacto, el agujero. Estaba en el hombro. Un charco oscuro crecía bajo su camisa, pero sus ojos estaban ab