El collar pesaba más que un ladrillo en mi mano.
Era de esos que Gael me había dado después de la boda, brillante, frío, con piedras que parecían gotas de hielo azul. "Para que sepas lo que vales", había dicho. Ahora lo tenía escondido en el puño, y su valor solo era una cosa: la cantidad de dinero que Damian pudiera conseguir por él.
Mi mente daba vueltas en círculos. No tenía dinero propio. Nada. Todo lo que había en esta casa era de Gael. Si le pedía una suma grande, de esas que Damian exigí