La esperanza es frágil. Lo descubrí en el baño, con esa línea azul en mis manos. Lo recordé ahora, cuando el teléfono vibró con un número que no reconocí.
Estaba sola. Gael había salido con Sebastián, «algo rápido», dijo. Pero sus ojos tenían esa nueva capa de acero desde que supo lo del bebé. Yo me quedé, con las manos sobre el vientre, tratando de sentir algo que aún era demasiado pequeño para sentirse.
El número seguía llamando. No era de Gael. No era de Valeria. Algo en el aire se espesó an