El día amaneció con una humedad extraña en el aire. Esa sensación pegajosa que, más allá del clima, anticipa tensiones. Aitana lo supo, apenas abrió la puerta del Spa Luna. Había algo que no cuadraba en el silencio de la recepción. Las compañeras murmuraban con discreción, se pasaban el teléfono de una en una, susurrando.
-¿Ya viste lo de Glow? -oyó decir a Noemí-. ¡Otra más! Ese hombre es una máquina de coleccionar chicas.
-Y todas están dispuestas a matarse por él -agregó otra.
Aitana no preg