La luz de la mañana se filtraba suave a través de las ventanas del estudio, bañando en tonos cálidos cada rincón donde Aitana terminaba de preparar las cajas que contenían su nueva línea de esmaltes. Los frascos, alineados con precisión casi reverencial, lucían etiquetas cuidadas, donde no solo aparecían los colores vibrantes, sino también nombres de mujeres reales. Cada nombre, una historia. Cada color es un homenaje.
-Mira, mamá -dijo Ámbar, con ojos brillantes, mientras señalaba un frasco co