El bolígrafo temblaba entre sus dedos. No por nervios de emoción, sino por una punzada sorda en el estómago.
De esas que una mujer aprende a no ignorar.
La sala de reuniones de la cadena estética brillaba con luces blancas, frías, como de hospital. El logo de la empresa adornaba el vidrio con un diseño elegante y aséptico. Y en el centro de la mesa de mármol, una carpeta esperaba: 34 páginas de letras finas y promesas en negrita.
Era el sueño, ¿no?
Expandirse.
Aitana Nails, franquicia oficial.