El cielo estaba nublado, pero a Aitana le pareció perfecto.
El gris suave de la mañana contrastaba con los colores que salían del interior del nuevo local: paredes en tonos terracota, plantas en cada esquina, muebles de madera reciclada, y una lámpara central que caía como un sol moderno sobre el espacio. Todo olía a nuevo. A limpio. A posibilidad.
Pero lo que más brillaba no estaba dentro, sino afuera.
Aitana se detuvo en la vereda, con las llaves en la mano y el corazón golpeando suave. Respi