El sol caía sobre la fachada del salón como un abrazo cálido. Era viernes, y por primera vez desde la inauguración, Aitana se había quedado sola, sin clientes, sin empleados, solo ella y ese silencio entre paredes nuevas. Estaba terminando de limpiar la vitrina que mostraba su colección de esmaltes estrella cuando sonó el primer ping del día.
El mensaje venía de Domi, una excolega de Glow que aún seguía activa en el mundillo de las agencias:
"¿La viste?"
"Glow volvió. Y no están jugando."
Abajo