Capítulo 49. Un buen primer paso.

Victoria salió de allí sin saber qué hacer o decir, caminó al despacho de Bruno y él no estaba allí; en su lugar estaban sus cosas.

Caminó lentamente y se sentó en la silla de cuero negro. Le quedaba grande.

Todavía estaba en shock.

Había entrado esperando una guerra y Bruno le había entregado las llaves del castillo.

La puerta se abrió suavemente.

No era Bruno. Era Camila.

Su amiga entró sonriendo, con los ojos brillantes.

—Lo hizo de verdad —dijo Camila—. Está en la oficina pequeña del final
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