Capítulo 9. Un marido inventado.
El eco de la sentencia de Bruno quedó flotando en el aire pesado de la biblioteca, mezclándose con el olor a whisky derramado y la tensión eléctrica que aún erizaba la piel.
Arthur Sterling está muerto para nosotros.
Bruno se apartó de la ventana, dándole la espalda a la oscuridad de la noche, y caminó de regreso hacia el centro de la habitación. Sus pasos crujieron sobre un fragmento de cristal que había saltado de la chimenea, pero él ni se inmutó.
Parecía haber envejecido y rejuvenecido al