Capítulo 40. El diagnóstico del infierno.
Bruno Ávalos no regresó a la oficina después del incidente en el lobby. Tampoco fue a ninguna reunión. Conducía su deportivo negro por las calles de la Ciudad de México con las manos aferradas al volante hasta que los nudillos se le pusieron blancos.
La imagen de Nathan no se le borraba de la cabeza. "Soy un tiburón. Como tú". Esos ojos negros. Esa barbilla desafiante. Esa conexión eléctrica que sintió al tocarle el hombro.
—¡Es imposible! —gritó dentro del coche, golpeando el volante—. ¡Tenía