Capítulo 126. La guardia.
Bruno cerró los ojos.
—La casa... —murmuró con asco—. Mándala limpiar, David. No quiero una sola mancha de sangre cuando ella regrese. Quiero que cambien el piso de la cocina, los muebles, todo. Que no quede rastro de que ese infeliz estuvo ahí.
—Ya está en proceso, jefe —aseguró David—. Contraté un equipo de limpieza forense y de remodelación. Trabajarán 24 horas. Para cuando la señora Victoria salga de aquí, la cocina será nueva.
—Bien. —Bruno suspiró, sintiendo que el peso de los párpados era plomo puro—. Y Rogelio...
—El cuerpo ya fue trasladado al servicio médico forense —cortó David, entendiendo la pregunta implícita—. Nadie ha reclamado el cadáver. Probablemente, terminará en la fosa común si no aparece algún familiar lejano. Es un capítulo cerrado, ingeniero.
Un capítulo cerrado. Bruno pensó en los años de amistad con Rogelio, en las cenas compartidas, en la traición con Lourdes, en el robo a la empresa, en el cuchillo en el cuello de Victoria. Todo terminaba así: con un cuer