Capítulo 124. Regresa a mí.
—Te prometí que siempre regresaría —continuó, con la voz quebrándose—. Te dije que quemaría el mundo entero por ti si era necesario. Y lo hice, Victoria. Lo cumplí.
Hizo una pausa, tomando aire, sintiendo el dolor en sus costillas como un castigo merecido.
—Ya no hay monstruos. Rogelio se fue. Ya no existe. Lo saqué de nuestras vidas con mis propias manos. Nadie te va a hacer daño nunca más. La casa está segura. Camila está a salvo. Nathan está a salvo.
Apretó suavemente los dedos inertes de ella.
—Ganamos, Victoria. Ganamos la guerra. Pero la victoria no sirve de nada si tú no estás aquí para verla.
Miró el tubo en su garganta, odiándolo con toda su alma. Odiaba verla así, tan vulnerable, tan dependiente. Victoria era fuego, era desafío, era la mujer que se le enfrentaba en la sala de juntas y en la cama. Verla reducida a esto era una tortura.
—Tienes que despertar —le ordenó, intentando inyectar su voluntad de hierro en el cuerpo dormido de ella—. No tienes permiso para rendirte. No