Capítulo 109. Cacería de ratas.
El Contador tragó saliva, sudando profusamente.
—Señor Ávalos, yo no sé nada, yo solo llevo los libros...
—Y también sé sobre la resistencia del cuerpo humano —lo interrumpió Bruno, inclinándose ligeramente hacia adelante. El dolor en sus costillas le dio a su voz una rasposidad metálica—. Por ejemplo, sé que las costillas humanas necesitan aproximadamente 300 kilos de fuerza para fracturarse. Lo sé porque hace poco más de una semana me cayeron encima varias toneladas.
Bruno se señaló el pecho.
—Tengo tres costillas rotas ahora mismo. Me duele respirar. Me duele hablar. Me duele ver tu cara de rata asustada. Así que, por una cuestión de eficiencia estructural, no tengo tiempo para juegos.
David dio un paso adelante y puso el maletín lleno de dinero sobre el escritorio, abriéndolo para que Bruno lo viera.
—Iba de salida, jefe. Panamá.
Bruno miró los billetes y luego miró al Contador.
—Rogelio Montero. ¿Dónde está?
—No... no lo sé —balbuceó el hombre—. Él nunca me dice dónde duerme.