Capítulo 102. Entrega total.
El aire acondicionado rozó la piel desnuda de Camila como un suspiro de hielo, un recordatorio efímero de un mundo exterior que aún tenía reglas.
Ese frío fue barrido al instante por el incendio de las manos de Arthur. Sus palmas, anchas y calientes, recorrieron su torso con una voracidad que no admitía dudas, trazando un mapa de posesión desde la curva de sus costillas hasta la plenitud de sus pechos.
Sus dedos se cerraron alrededor de los senos, no con suavidad, sino con una firmeza que la