—Pensé que sería Edmundo quien me terminaría llevando al otro mundo, no un terremoto —Escuché una voz masculina, grave, que se habría pasó a través de la oscuridad.
Hablaba y hablaba, pero yo estaba muy cansada y solo quería seguir durmiendo. Me acurruqué más contra la calidez que me envolvía.
—Es muy riesgoso, deberíamos dejar el plan a un lado, ¿y si mueres? —Era otra voz. Una femenina y preocupada.
—Si eso pasa, ya sabes lo que tienes que hacer y debes de reaccionar rápido. Llévate a Catrina contigo y la cuidas. Ambas tienen una cuenta en el extranjero con la que vivirán cómodamente y propiedades a sus nombres. No permitas que Edmundo le ponga una mano encima —Una mano acarició mi cabello, suave, causándome un cosquilleo.
Su toque era agradable, pero las palabras dichas no me gustaban.
¿Era una pesadilla?
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Abrí los ojos despacio, los párpados pesados. Mis músculos se sentían flácidos, como si hubiera dormido un día entero.
Los fragmentos de lo ocurr