Podía sentir la tensión que nos rodeaba en la cafetería. Dos personas que habían dejado de tratarse hace diez años por problemas personales, sentados en una mesa del exterior, fingiendo que nos importaba el café que beberíamos.
Terminé pidiendo agua, ya que todas las opciones me parecieron muy fuertes para el bebé y no me quería arriesgar a vomitar, rompería mi racha.
—¿Solo agua? Creo que el bebé le gustaría algo más —Intentó sonar amigable, pero su rostro siempre era severo, imperturbabl