Podía sentir la tensión que nos rodeaba en la cafetería. Dos personas que habían dejado de tratarse hace diez años por problemas personales, sentados en una mesa del exterior, fingiendo que nos importaba el café que beberíamos.
Terminé pidiendo agua, ya que todas las opciones me parecieron muy fuertes para el bebé y no me quería arriesgar a vomitar, rompería mi racha.
—¿Solo agua? Creo que el bebé le gustaría algo más —Intentó sonar amigable, pero su rostro siempre era severo, imperturbable. Sus palabras me dejaron en guardia, analizando lo que se podría tratar la conversación.
Estaba lista para su posible discurso de como estaba arruinando la perfecta sangre de los Ronchester con mis genes. Lo más probable, era que la conversación que no tuvimos hace diez años, tuviera lugar ahora.
—Estoy bien con eso —Me limité a decir, sin saber que tan enterado estaba él de la situación del bebé.
¿Se habrá enterado que estaba enferma? ¿Qué el bebé tuvo la posibilidad de morir de desn