Parpadeé varias veces, tratando de procesar lo que veía.
El hombre que me había contratado para limpiar su mansión hace trece años, me miró con sus ojos azules, muy parecidos a los de Cecilia. Su gesto era tan severo como en el pasado.
Mis emociones eran tan contradictorias respecto a ese señor. Me contrató como sirvienta a pesar de ser ilegal y menor de edad en ese momento; algo que nadie más había hecho por mí, sin importar cuánto supliqué por un empleo porque éramos unos recién llegados