¿Cómo me encontró?
Mis ojos fueron de un hombre a otro. Padre e hijo. Tan distintos físicamente, pero con un odio mutuo que compartían.
Era imposible que sospechara que justamente estaba en esta cafetería a pocos metros del centro de migración. Porque en primer lugar, juré no volver a poner un pie en uno de esos asquerosos lugares en mi vida. Y aún así, había logrado rastrearme.
Sus ojos verdes recorrieron el lugar hasta que por fin cayeron sobre mí, en la mesa de la esquina. No hubo sorpresa alguna, solo una molestia evidente. Su ceño estaba fruncido y su mandíbula apretada.
Tragué saliva, siendo consciente que esto no terminaría nada bien.
—Puedes confiar en mí, Catrina —La voz de Edmundo me trajo devuelta a lo que ocurría en la mesa. Él parecía ignorar que el demonio pelirrojo acababa de entrar por la puerta—. Si no quieres ver la evidencia en estos momentos, podemos concertar una cita cuando estés lista. Pero mantén la confidencialidad, que esta conversación no llegue a lo