••Narra Catrina••
Bueno, logré pasar toda la noche sin vomitar. Eso ya era un avance.
Inclusive, pude cepillarme los dientes sin sentir asco por la pasta mentolada, algo con lo que había estado batallando estos últimos días. Por fin podía volver a mi dentadura blanca y refrescante.
Sabía que el embarazo podría llegar a ser difícil, pero no pensé que me derribaría de esa manera, que me sentiría tan decaída.
Me lavé la cara con agua fría, mirando mi reflejo pálido y con ojeras en el espejo del baño de la habitación privada del hospital. No podía creer que después de haberme sentido hermosa hace unos días, ahora regresara a aquella figura fantasmagórica que parecía jamás descansar.
Suspiré, sintiéndome un desastre.
Salí del baño, llevando conmigo la bolsa con solución que seguía conectada a mi mano. Encontré a Scott de pie junto a la ventana, observando el jardín con su habitual rigidez de hombre eficiente. Se giró al oírme.
—Señorita Castillo. Me alegra verla de pie. ¿Necesita algo