Sus palabras, sus labios, el hormigueo que me recorría la espalda, el vientre. Todo se sentía tan surrealista.
Aún jadeando, separé mis labios de los suyos, quienes aún me buscaban. Mi pecho subía y bajaba a una velocidad anormal. Por un segundo, olvidé donde estábamos, lo que hacíamos, quienes fuimos.
Sus ojos me miraban con tal intensidad que me derretía.
¿Por qué me miraba así? ¿Por qué parecía como si me quisiera consumirme?
Estaba mal. Tan mal. Me había dicho a mí misma que me olv