Cambié a Catrina de hospital, uno lejos de los Cambridge y sus malditøs doctores sucios.
La dejé en la habitación privada, acompañada de Scott, a quien saqué de sus labores para que estuviera pendiente de ella mientras yo me ocupaba de este asunto.
Entré en el comedor de Los Cambridge.
—¡Connor, hijo! Que grata sorpresa —exclamó Archibald Cambridge, el padre de Maricela. Un hombre mayor con mirada de lobo y cuyo único interés era tragarse la mayor cantidad de dinero posible. Por eso estaba a