Cambié a Catrina de hospital, uno lejos de los Cambridge y sus malditøs doctores sucios.
La dejé en la habitación privada, acompañada de Scott, a quien saqué de sus labores para que estuviera pendiente de ella mientras yo me ocupaba de este asunto.
Entré en el comedor de Los Cambridge.
—¡Connor, hijo! Que grata sorpresa —exclamó Archibald Cambridge, el padre de Maricela. Un hombre mayor con mirada de lobo y cuyo único interés era tragarse la mayor cantidad de dinero posible. Por eso estaba acá, lamiendo mis bolas a pesar de la odisea que se formó el día que cancelé el matrimonio—. Pensé que estabas enterrado en esos proyectos de desarrollo en el norte. Cosas menores, pero todo suma, ¿eh?
Sí, esos proyectos… Fue la excusa que di mientras viajaba ocasionalmente al norte, para que nadie sospechara que mi objetivo era traer a Catrina de regreso a mi vida. Pero no fue de mucha ayuda ya que mi padre lo descubrió. Y por lo que me daba cuenta, los Cambridge también. Acaso… ¿mi padre les co