••Narra Connor••
Yo sabía cuánto me odiaba esa mujer de ojos almendrados y cabello rebelde. Lo mucho que me resentía, me rechazaba y que quería estar lejos de mí. Sabía la guerra que me montaría. Lo podía ver en sus ojos, en su lenguaje corporal. Y aún así… En la habitación, cuando dejó que yo la tocará pese a sus reproches principales, pude ver lo húmeda que estaba por mí, la hinchazón en su clítoris, la forma en que su cuerpo se estremecía debajo del mío y como sus puntiagudos pezones se endurecieron a través del camisón. Me permití vacilar, creer que una parte de ella aún me aceptaba, que estábamos borrando el pasado mientras la escuchaba gemir.
Fui un verdadero idiota.
Me ilusioné en vano pensando que estábamos avanzando, pero en realidad seguíamos en el mismo punto de partida, donde perdí a la mujer que amaba no solo por su ingenuidad, sino por ser un Ronchester. No por ser concebido, sino por nacer en la familia equivocada.
«¡Tú y yo no somos nada, un simple contrato! ¡