••Narra Catrina••
Ni siquiera esperó a que yo respondiera. Su boca fue a mi cuello, causándome un hormigueo agradable al inspeccionar la zona. Sus manos, sin vergüenza alguna, amasaron mis tetas, jugando con mis pezones duros ante su tacto. Su cuerpo se restregaba contra el mío, su erección haciendo presencia entre mis muslos, aumentando mi calor.
Mentiría si dijera que no me provocaba nada, que no lo quería.
Sinceramente, este hombre al que prometí odiar ha causado estragos en mi mente, c