••Narra Catrina••
Ni siquiera esperó a que yo respondiera. Su boca fue a mi cuello, causándome un hormigueo agradable al inspeccionar la zona. Sus manos, sin vergüenza alguna, amasaron mis tetas, jugando con mis pezones duros ante su tacto. Su cuerpo se restregaba contra el mío, su erección haciendo presencia entre mis muslos, aumentando mi calor.
Mentiría si dijera que no me provocaba nada, que no lo quería.
Sinceramente, este hombre al que prometí odiar ha causado estragos en mi mente, cuerpo y… en mis hormonas.
Y su trato verbal a pesar de ser inmoral y degradante, era aceptable para alguien en su posición. Muy humillante lo que me ofrecía, como si yo fuera un pedazo de carne, pero no se podía esperar mucho de un hombre que me usaba como recipiente para su bebé. Me dolía en el pecho, profundamente.
Yo estaba entre las cuerdas al no saber qué carajos me hizo firmar. Entregándome a él era la forma más sencilla de pagar. Ya le había entregado mi vientre, ¿qué más daba?
—No…