Mi cabeza fue en todas direcciones, buscando entre las personas un rostro sospechoso. Los latidos de mi corazón zumbaban en mis oídos.
Esto me estaba hartando. Este juego del gato y el ratón me estaba sacando de quicio. En especial porque yo era el bendito ratón.
Dejé el celular sobre la mesa, ignorando su mensaje.
No quería ir. Nada bueno podía terminar de esto.
Tomé la copa de agua, llevándola a mis labios, tratando de controlar el pequeño temblor que me recorría.
El celular volvió a