Mi cabeza dio vueltas, las letras borrándose ante mis ojos.
Esta persona… estaba admitiendo que tenía ese contrato por el que tanto lloré, el que tanto busqué, la razón por la que llegué a colapsar.
Yo me había rendido. Su búsqueda no me había llevado a ningún lado. En su oficina de la empresa fue imposible buscar y en la mansión menos. Conociendo a ese hombre, llegué a imaginar que pudo comprar una casa solo para guardar ese documento.
Y esta persona, venía como si nada a decirme que lo