La revelación de Hywell había dejado a Jade sin aliento.
El ramo de flores yacía olvidado en el suelo, sus pétalos blancos esparcidos como confeti de una tragedia. Su mente, aun procesando la imagen del cuerpo de Robert, ahora luchaba por asimilar la verdad de que el hombre con el que había estado a punto de casarse, el hombre que creía su salvador, había sido solo un títere en un juego mucho más grande, orquestado por el mismo Hywell. La ironía era cruel, la manipulación abrumadora.
Jade lo mi