La noche avanzaba, pero para Jade, el tiempo parecía haberse detenido en el comedor. El recuerdo de Nick, el hombre de la fiesta que le había coqueteado, se había incrustado en su mente como una astilla dolorosa, y un contraste brutal con la realidad de su cautiverio. La osadía del coqueteo con el señor Blackwood había sido una explosión de rebeldía, y una forma desesperada de reafirmar su existencia más allá de las garras de Hywell.
Hywell, aunque había disimulado su molestia frente a los otro