77. Mi Refugio
Roxana
Mis ojos ardían de tanto llorar, después de repetir lo ocurrido. Méndez se acababa de ir con mi declaración, aunque me advirtió que no sabía cuántas veces más tendría que hacerlo. Torretti salió a despedirla, pero a su regreso lo hizo junto a Alessandro. La puerta tras ellos se cerró con más fuerza de la necesaria y el sonido me hizo subir el miedo por la garganta como bilis.
—¿Cómo estás? —Algo hizo que se detuviera a unos pasos de mí.
—Cansada —confesé mientras se sentaba en el sillón