76. El fin de una era
Alessandro
El volante resbalaba entre mis dedos. Contener el impulso de abrazar a Roxana al verla encogida en el asiento trasero me dejó los músculos tensos. Su imagen en el retrovisor antes de que desapareciera dentro de la casa del abogado seguía quemándome la retina.
Pero debía protegerla, a ambos. Y cada furgoneta que encontraba en el camino era un recordatorio del infierno que tendrían que atravesar si algún reportero conectaba los puntos al ubicar a cualquiera de nosotros.
Marqué el núme