7. Heridas abiertas
Alessandro
Rechacé otra llamada de Deborah y lancé el teléfono sobre una de las cajas sin abrir y retomé el legajo de documentos que había dejado de firmar.
Al otro lado de la oficina, Mateo repasaba contratos, su cabello despeinado y las mangas arremangadas.
—¿Desde cuándo se te hizo costumbre ignorar a tu esposa? —preguntó sin levantar la vista de los papeles—. Lleva llamándote todo el día.
Me froté los ojos y me recosté en la silla que aún conservaba etiquetas de precio.
—Desde que llevo tre