45. El Oasis Imperfecto
Alessandro
Su cuerpo tembló contra el mío y tuve que sostenerme contra la corteza del pino mientras la veía tomar aire. Roxana se separó lentamente de mí, pero en lugar de alejarse, se dejó caer de rodillas sobre la hierba húmeda, con una chispa peligrosa en los ojos que no había visto antes.
—Ahora es mi turno de saborearte —susurró mordiéndose el labio.
Sus manos subieron por mis muslos con una seguridad que no esperaba, tibias contra el aire fresco.
Pero nada de eso me encendió tanto como el