44. Salto al Vacío
Roxana
Mi primer pensamiento coherente fue que cada músculo de mi cuerpo protestaba con un dolor dulce que hacía años no sentía. Sentí las marcas de su barba en mi piel y la presión de sus manos en mis caderas.
¡Dios mío!
Recordé mis gemidos descontrolados resonando en la habitación por lo que hacía. La forma en que me miraba mientras me hacía suya. Un amante que me había hecho sentir deseada, viva, mujer de nuevo.
Al principio, Valentino fue parecido, pero al final el único objetivo evidente