32. Líneas en la arena
Alessandro
Mis nudillos aún dolían por la fuerza con que había apretado los puños al ver a Valentino devorarle la boca a Roxana en aquel pasillo.
Y aunque ahora caminaba hacia la sala de juntas donde firmaría mi victoria empresarial, sentía el deseo irrefrenable de volver sobre mis pasos y golpearlo.
Pero había esperado una década para este momento, para demostrar mi valía. Y a pesar de ello, el sabor del triunfo se había vuelto ceniza. Porque la mujer que ocupaba mis pensamientos estaba casada